Bélgica Rodríguez

“Aquel que viva en armonía consigo mismo, vive en armonía con el universo; porque tanto el orden universal como el orden personal no son más que distintas expresiones y manifestaciones de un principio fundamental “ (Marco Aurelio, 121-180 AD. Meditaciones)

Diego Barboza - Trazos del imaginario

Diego Barboza ha vivido en armonía consigo mismo. Ha vivido con sus pasiones, sus desafueros, sus tristezas y sus alegrías, compartiéndolo todo con su familia, con sus màs queridos amigos y sobre todo con la naturaleza y las cosas màs sencillas que le rodean. Lo màs importante como artista es que ha sabido como expresar todo eso en su creación artística. La estética de sus obras ha dependido de su ética en la vida como ser y como artista, siguiendo así el principio más exacto de la existencia. El principio fundamental es que sin concesiones de ningún tipo, sin extravíos y sin alaridos estridentes, ha conducido su obra y su vida por un mismo y coherente camino. Su existencia ha estado ligada profundamente al arte y viceversa.

El producir una obra rica en sus cambios, importante en su aporte, sensible en su expresión plástica y amplia en sus propuestas, este, aún joven, artista Venezolano y del mundo, ha propiciado una situación de comunicación colectiva, para usar el mismo concepto que diò a sus expresiones plásticas de los años sesenta y las que definió como poesía de acción. En ese período de interés por el arte conceptual-no objetual, planteó los perfomances que ofrecía al público (de Londres y Caracas), aparte de ser rigurosamente planificados, estaban “cuidadosamente combinados , su color, forma, textura, para establecer la relación elemento-público-espacio que da lugar a una obra de comunicación colectiva”. Manifestaciones efímeras de las que han quedado documentos impresos válidos para la historia del arte en Venezuela. (1).

A partir de sus inicios, una de las características de la obra de Barboza ha sido la distorsión de la imagen. Como constante, esta distorsión se presenta como la ideología que anima su trabajo, en el que no se percibe una atmósfera contestataria, pero si una posición transgresora de la realidad del ser humano y su contexto. Barboza transgrede los códigos plásticos tradicionales, estando en control de cualquiera de los medios que ha seleccionado para expresarse, sea el dibujo, los perfomances, el collage o la pintura misma. Al lado de ésto, otra constante ha sido su “preocupación por el hombre, por la vida, por lo cotidiano (2).

La Vida y el Arte
Desde los primeros y varios encuentros a lo largo de nuestra vida, he estado cerca de la obra de Diego Barboza. Algunos encuentros fueron en los alrededores de la Plaza Morelos por los años sesenta. Luego en Londres por los setenta y en Caracas en los ochenta. Ausencias por un periodo y unos cortos reencuentros en los primeros años de la década de los noventa, marcaron el reinicio de una vieja amistad. Para Diego son importantes los amigos tanto en su presencia como en su ausencia. El presente es una transición entre el pasado y el futuro. Es la porción mas pequeña de la vida. El presente en la obra de Barboza, es un recordatorio del pasado y una proyección hacia el futuro.

Diego Barboza comenzó su carrera como dibujante. Parte de la historia son los dos dibujos que vivieron escondidos conmigo, “Ciclistas contra el agente 007 y el Cuatrero”, ambos de 1963. En ellos pueden apreciarse algunas características presentes en las piezas posteriores. Si volamos de esta fecha a las obras que hoy realiza el artista, es evidente la coherencia del proceso plástico y estilístico experimentado a lo largo de su carrera. Desde el principio se mostró interesado figuración así como por la distorsión de la imagen, cada vez más acentuada en el proceso ineludible de la continuidad. Figuración y Distorsión han sido dos elementos básicos de su lenguaje formal. Como dibujante excelente y riguroso la década de los sesenta lo prestigia, como tal continúa hasta hoy. El rigor con el que trata la línea, le ha permitido lograr que ésta se doblegue a sus propósitos expresivos, para así crear una forma que llene todos los requisitos valoràtivos formales. Aquí, la distorsión de la forma es un valor plástico, como ya lo planteamos también una ideología, y en conclusión es una decisión personal del artista para liberar sus fantasmas. Luego de las diferentes incursiones en otros medios, a mediados de los ochenta pasa progresivamente a la pintura para, hasta su obra actual, instalarse en ella con propiedad.

Tema e Imagen
En la presentación del catalogo que acompañó una exposición personal de 1996, las obras expuestas fueron definidas por Diego Barboza como la continuidad de su “credo plástico…..sin dejar de lado la libertad que me permite el encuentro constante de verdades que representan mi relación con el hoy y el ayer, así como mi visión del futuro” (3) . Una continuidad sin límites.

Como todo artista, ha recurrido a su propia experiencia existencial y a su entorno para recrear las imágenes que conforman sus temas. Pero ellas han sido imágenes “vertidas no en cuadros de nostalgia por lo irrecuperable- las vivencias del pasado y del presente huidizo- sino en una vigente conexión de iconografía y tensas relaciones (a veces evidentes, otras recónditas)…” (4). Ellas son imágenes portadoras de una historia transportada al presente por el conjuro de una creación demiurgica, pero no inventada. El artista les ha estructurado un contexto plástico para que ellas existan como objeto y como idea. Una descripción afectiva permite que el objeto real se exprese sensiblemente, obviando lo narrativo.

De esta manera Diego Barboza manifiesta y expresa su capacidad subjetiva para evocar lo real (objetos y enseres), en un contexto pictórico, como fenómeno de un sentimiento plástico y existencial “barroco”. El horror al vacío se convierte en definitorio de su interpretación del conjunto formado por los diferentes objetos. El espacio humano creativo, referido específicamente a la experiencia sensible de vivir la cotidianidad de una mesa con diferentes objetos encima, de apegarse a aquellas cosas aparentemente insignificantes que siempre le han acompañado, al estudio laborioso de los grandes maestros del arte universal que lo apasionan o a la especialidad espiritual de sus perfomances en la calle, definidos por él mismo como “poesía de acción”, interactùa con el espacio de contemplación del espectador.

El Bodegón Hoy
El bodegón, o mejor dicho su esencia, es el tema fundamental de la muestra que este año 1998 ofrece Diego Barboza. El tema no es novedad, ni antes ni ahora. Pero si el tratamiento que el artista le da como propuesta conceptual y formal como resultado de la exploración de su propia experiencia personal y de la investigación histórico-artística sobre la temática. Cada uno de sus bodegones es un fragmento autobiográfico en varios sentidos. En conjunto ellos forman un gran paisaje personal cuyo discurso polisémico puede leerse y ser percibido en varias direcciones. Una de ellas, por ejemplo, sería la intimista, tanto en el sentido personal y cotidiano del artista como la del espectador, otra, el sentido heroico de la pintura universal y sus grandes maestros, y otra, la transgresión de los valores de la pintura tradicional.

Son las memorias, son los objetos heredados (la tacita de plata, el zapatico de cuando tenía un año, el pie de la lámpara de cuando tenía nueve, las pequeñas cosas que se hacen inmensas al ser heredadas de la madre fallecida) son los enseres de su mitología de lo cotidiano, así es el título de la muestra (una manzana en la que solo queda el centro después de ser comida, platos, cuchillos y tenedores, jarras , vasos), que de tanto ser reales se convierten en una nueva dimensión espacial objetiva y subjetiva, aquella en la que se conjugan dos situaciones perceptuales, la de ver la realidad del objeto y la de lo que está detrás de ellas, la que para Barboza, es “retratar lo que no se puede ver” . Son los enseres de su mitología de lo cotidiano, repetidos hasta convertirse en obsesiones.

También utiliza objetos que se salen del marco de su espacio sentimental. Aquellos que le atraen en la calle, en la frutería, en el supermercado, en casa de amigos o cuando está tranquilamente sentado en el parque, pero éstos no son aceptados a primera vista como posibles participantes en el “festín”. Debe suceder un acto de magia afectiva para que entren a su universo. Barboza aclara que para nutrir su imaginario “ con otros objetos que no son los míos, debe establecerse el enamoramiento, tengo que enamorarme de ellos”. (5) Infaliblemente el artista necesita de la fuerza de la parte afectiva y emocional para concebir idealmente su iconografía, la cual al final va a presentar como una develaciòn. Barboza prueba sentimentalmente el material en busca de la forma que exprese el motivo de la pintura.

Los enseres aparecen en la pintura de Diego Barboza desde el inicio de los años noventa. En obras de 1992, puede verse la presencia de objetos sobre una mesa que, con significado temático ambivalente, puede estar lista para antes o después de una comida, un buen ejemplo es la tela “Después del Taller”. A partir de allí se intensificó su interés, hasta realizar su última serie de 1998.

Actualmente son sus invitados de honor los grandes maestros de la historia de la pintura universal que han pintado bodegones, Barboza con los suyos le rinde un homenaje. Homenaje a Caravaggio, es la rendición ante el artista que pintó el primero conocido de la historia, muy especialmente invitado a su taller. No pudiendo faltar el maestro de Aix-en-Provenze, al gran creador de hermosos bodegones le dedica su Homenaje a Cézanne, en quien plásticamente se apoya, sobre todo en su propuesta de perspectiva quebrada. Al mencionar al mencionar a Cézanne recordamos las palabras de Henry Brooks Adams “un maestro llega a la eternidad; nunca puede decirse cuando se detiene su influencia”

En una suerte de parafraseo visual, Barboza se apropia de una situación plástica al usar, por ejemplo algunos elementos que aparecen en los bodegones de los “Maestros Invitados”. No se trata aquí de parafrasear un carácter ni una atmósfera plástica sensible y afectiva sino de resolver los problemas conceptuales y formales planteados de un ejercicio personal de reflexión intelectual y del desarrollo de un lenguaje plástico personal. Se opera entonces el complejo proceso de desconstrucción de los objetos de la realidad y su construcción sobre la superficie del soporte, tela o papel.

De sus apropiaciones de Cézanne con sus naranjas, de Caravaggio con sus manzanas y uvas o de Van Gogh con sus girasoles, no puede hablarse de desacralización, puesto que ellas son meditaciones íntimas llevadas a cabo a partir del corazón, ellas están guiadas por el amor y por un sentido de belleza.

Lo Formal
La serie Seres y Enseres Mitología de lo Cotidiano (6), la conforman bodegones que parten de apuntes y dibujos realizados en la línea valorizada, como ejercicios mentales y manuales hechos a la manera de la fotografía dislocada, pero en perspectivas desarrolladas en el arte digital. En términos más prosaicos, pero tal vez más poéticos, los objetos parecen ser vistos a través de los espejos convexos o cóncavos propios de los parques de atracciones, esta semejanza es bastante más clara en el tratamiento de la figura humana. En estos apuntes se establece la relación emocional entre el artista y el objeto individual y autónomo. Los objetos susceptibles de atraer su atención, primero son reconstruidos en su taller y luego en la realidad visual del soporte tela o papel. El taller limpio y ordenado que en momentos se siente como invadido por platos con restos de comida en descomposición, por frutas mordidas o a medio comer, por vegetales o panes ya casi petrificados o por objetos desvencijados o en buen estado de conservación. La comida, como otro aspecto autobiográfico, es una parte importante de la vida de Diego Barboza. El bodegón (o naturaleza muerta), aparece como el modelo vivo en el taller y a partir de él comienza Barboza a trabajar la tela, siempre de adentro hacia afuera, hasta terminar en la superficie valorizando el primer plano. Así está servida la mesa con la parafernalia que caracteriza el principio o el final de una comida, o la naturaleza muerta con su superficie enmantelada llena de naranjas o cualquier otra fruta. Al final los objetos invaden el espacio del espectador. Su presencia es insoslayable.

El artista no impone artificialmente un orden en la configuración de la totalidad de la superficie, el deja que los objetos dicten e impongan sus formas de acuerdo a las cualidades intrínsecas, explorando las posibilidades estructurales de la línea y del color. Así produce imágenes enérgicas que al analizarlas no dejan de ser ideas que subsecuentemente son expresadas sobre la tela. No trabaja Barboza con la memoria solamente, ni con el azar. Desde el punto de vista plástico, la estructura de la obra ha sido calculada de antemano. El fuerte arabesco lineal y la energía del color, producen un impacto en el espectador que le permite apreciar la fuerza física de las imágenes, no siendo éstas agresivas, contribuyen a exaltar el sentimiento de ternura que recorre la superficie pictórica Aspectos del cubismo, del cine, de la computación gráfica, de la fotografía en movimiento, entran en juego en el momento de analizar la estructura de la pintura, sea el óleo o el pastel, siendo preciso añadir el carácter barroco sintetizado en la forma sinuosa y en permanente movimiento. Las capas de pintura se yuxtaponen unas a las otras hasta estructurar una compleja composición sobre la cual el artista mantiene el control. El sabe exactamente como manejar las formas y sus contornos para que no se dispersen o desordenen sobre la superficie, formulando así una percepción del espacio y la profundidad en movimiento.

La estructura de la obra parte de una perspectiva en planos, desde el primero hacia dentro, en relación inversa a la manera de trabajarla el artista, quien parte desde adentro hacia afuera. Es una perspectiva que se acerca más al proto-cubismo de Cézanne, se conforma como una idea cinematográfica que se quiebra. Los objetos se tocan por una serie de diagonales establecidas por la dirección que siguen las líneas rectas que imponen los tenedores, cuchillos y otros elementos a los que el artista presenta con cierta rigidez en comparación con las ondulaciones de las otras imágenes, como los perfiles de las sillas por ejemplo. Estas diagonales evitan la dispersión de las imágenes, concretizándolas sobre la superficie que habitan. En su distorsión de las imágenes se asientan en el espacio pictórico gracias al color y a su significado en relación de uno a los otros así como también al ritmo que concretiza la composición del campo pictórico. La disposición de los objetos-formas crea una tensión dinámica sobre el plano pictórico. La ilusión de profundidad no existe como representación ilusoria sino como una interacción de forma y color. Al resolverse los problemas plásticos en un primer plano cuya visual proviene de abajo, el asunto dl espacio pictórico y afectivo en relación al espacio tiempo, Barboza lo resuelve satisfactoriamente gracias al componente sentimental, a él le interesa “la relación del espacio con la figura; que la acción, la huella, el Ser, representen un sentimiento mío. Yo veo la relación espacio-tiempo como un sentimiento” (7)

Epílogo
Para Barboza es más importante la esencia antes que la temática. Entre los objetos el Ser está presente en su ausencia. El pasado es el protagonista de un hecho presente como en Después de la Cena o Después del Almuerzo. Es la exploración del sentimiento en el exterior e interior de sí mismo y de las cosas. En 1988 declaró que para él, el arte era un “continuo explorar, una búsqueda constante dentro de una realidad que aún me ofrece múltiples posibilidades” (8) Hoy, y mañana, esa realidad todavía le ofrece “múltiples posibilidades”

Bélgica Rodríguez
Caracas, Febrero 1998

Notas:
1.- Catálogo de la muestra en la Biblioteca Pública Central “Dr. Julio, Padrón” Maturín, s/f.
2.- Conversación con Yasmín Monsalve. Caracas, Agosto 1996.
3.- Catálogo de la exposición en la Galería Juan Ruiz. Maracaibo, Junio 1996.
4.- Carlos Silva. Catálogo de la exposición en el Centro de Arte Euroamericano. Caracas, Septiembre 1991.
5.- Conversación entre DB y BR.
6.- Tomado de un texto de Carlos Silva.
7.- Entrevista con Moraima Guanipa. Diario El Globo, Marzo 1993.
8.- Declaraciones a el diario El Universal.