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Además de un
lenguaje propio y una simbología muy particular,
en la obra de Luis Alberto Hernández encontramos
la esencia de una larga trayectoria que el artista ha
dedicado a una temática muy personal. Para el artista,
dotado de una estética profundamente religiosa,
es una búsqueda afanosa e interminable de lo sagrado,
de esa esencia e intimidad que en algún momento
parece al fin poder alcanzar y sin embargo, vuelve a distanciarse
de ella para afortunadamente, forzarlo a continuar en
esa, su saga personal. Es una eterna y profunda búsqueda,
un viaje o mejor dicho, una metáfora de un viaje
interminable.
Evidentemente la obra de Luis Alberto Hernández
ha sobrepasado lo simplemente comercial y quizá
haya tomado algunos rasgos de ser una obra exclusiva,
intelectual o dirigida solo a un cierto tipo de público,
pero no es así, en el fondo, no ha dejado de ser
la obra que representa y trasmite la personalidad y el
entorno del artista, quien de esa manera expresa su pensamiento
y vuelca su mundo interior para establecer una fusión
muy personal con el veedor, quien se irá vinculando
con la obra, cada vez con mayor facilidad, para que luego
le sea difícil, disolver ese vinculo .
Enriquecen en esta ocasión este catálogo,
dos exquisitos textos de los reconocidos críticos
Abel Ibarra, venezolano y Jean-Louis Poitevin, francés,
son dos visiones que nos vienen de distintos continentes.
Ellos nos guiaran a través de un itinerario imaginario
o quizás sea la metáfora de un viaje por
la obra de este excepcional artista que hoy presentamos.
La fotografía es de Renato Donzelli y la entrevista
al artista fue realizada en su taller por José
Pulido.
Tomas Kepets
Director
Septiembre del año 2007
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