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Las Mujeres
de Ender Cepeda
por Lenelina Delgado
Ender Cepeda propone nuevos escenarios:
esta vez, sin abandonar su rico imaginario, las mujeres
se convierten en protagonistas exclusivas de su discurso
plástico. Ellas reclaman la mirada del espectador
sin necesidad de convertirse en símbolo de existencias
ajenas. Ellas son. Solo eso.
No es un tema ajeno para Ender Cepeda. Son muchas las
formas en que ha pintado a las mujeres sin limitarse a
consignar su imagen en espacios idealizados: además
de plantearlas desde su realidad busca en sus sensaciones,
ilusiones y hasta en sus miedos. Como las ve las representa
y lo que encontramos no es una respuesta simple al muy
complejo tema de la representación de las mujeres
y lo femenino. En una visión interiorizada en un
doble sentido porque por una parte alude a la propia intimidad
familiar del artista y por otra se transforma en referencia
de un mágico universo que canta a la vida,
a la felicidad, a la sencillez.
Sus mitologías personales siguen
siendo las mismas que hace treinta años le sirvieron
para construir su obra, solo que ahora se permite ir más
a su mundo interior y aceptar que lo que hace necesita
la libertad de las emociones y la imaginación,
de lo contrario lo que llaman estilo puede convertirse
en una trampa sin salida. Sin negar etapas anteriores
ha buscado depurar su lenguaje, exigiéndose más
y más en la forma de abordar el oficio y en los
resultados, buscando siempre la mayor simplicidad. En
el trabajo de día a día, el taller es el
espacio que le permite liberar lo que ha soñado,
lo que ha imaginado, dejando un poco al azar para
ver lo que sucede. Es una especie de juego de seducción
que transforma la tela o el papel en el sujeto a conquistar.
En el proceso que ha sido su creación,
Cepeda asume el dibujo como la estructura fundamental
que le permite dar vida al cuadro. En la soltura de las
líneas que traza día a día encuentra
la base de su obra pictórica, abriendo un diálogo
que fluye con naturalidad y deja que el color determine
su camino: así nacen estas pinturas, imponiendo
su propio ritmo en medio de un vibrante tejido cromático
o de la delicadeza de las veladuras que ofrecen los blancos.
Desde estas telas se asoman mujeres
que, como siempre, no niegan ni su fuerza ni su sensualidad,
pero en esta oportunidad el pintor las observa y les permite
observarse y ambas miradas se cruzan y desplazan cualquier
intromisión. Se saben cómplices en un mundo
de silencios y de acciones que transcurren en lugares
que dominan. Él las mira. Ellas permiten su entrada
y se descubren en ese adentro que no siempre está
al alcance del otro. Esa corriente comunicativa tan particular
se hace evidente en Puesta en escena N° 1 con
tres mujeres: en el espacio cerrado, las figuras
femeninas permanecen en actitud contemplativa, ajenas
a lo exterior y compartiendo palabras y pensamientos.
Una pequeña ventana deja ver la silueta de un hombre
que parece llevado por la prisa, que pasa como en una
escena teatral. Las planchadoras también
son una proyección de la cotidianeidad tantas veces
observada por Ender Cepeda. Ellas son parte de entorno
que conoce y las deja ver como tales. No son mujeres-mitos.
En la realización de esta iconografía
femenina no evade el tema del Pintor y su modelo.
Simplemente no puede permanecer afuera. A sabiendas comparte
tiempos y espacios y descubre ante el espectador la relación
que existe entre el creador y la presencia que inspira.
Desde su autorretrato se atreve a disputar el protagonismo
que cede en las demás pinturas. El artista logra
enfrentar el reto que recoge las experiencias de su interioridad
armonizándolas con los temas que alimentan su obra:
por eso las formas no son el problema esencial sino su
contenido.
Un tercer elemento insoslayable es
el desnudo femenino. En Desnudo con espantapájaros
el cuerpo se exhibe y se descubre sin secretos en un primer
plano que remarca la línea fluida y el vigoroso
trazo de Cepeda. Es una mujer de hoy que no necesita conquistar
el espacio cotidiano porque ya le pertenece, solo manifiesta
su aceptación y la capacidad de reinventarse una
y otra vez a través de los tiempos.
October 2002
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