Entrevista
a Manuel Quintana Castillo.
Programa “En Voz Baja” con Alejandro Vetrini. FM 101.1
Si usted hiciera un ejercicio de integración de su obra,
como un todo, si le quisiera dar un concepto completo ¿de
que hablaríamos?
Hablaríamos de sentimiento, de sentimiento en la pintura
y en la vida. Yo creo que la pintura no es una ciencia, el arte
no es una ciencia porque lo que se enseña son los procedimientos.
El arte es algo que se posee y se tiene cuando se tiene que
tener. Te hablo de sentimientos porque ellos definen lo que
se siente, la gente hace lo que siente. Últimamente le
hemos ido tomando un poco de reserva a la palabra sentimiento
porque parece fuera de época. Es una palabra muy poco
técnica para los tiempos modernos donde lo que priva
es el razonamiento, lo intelectual y racional sobre lo sentimental
y lo sensible. Con el sentimiento corren el riesgo de que tilden
a alguien de sentimental, pero sentimiento y sentimentalismo
son dos cosas diferentes, así que para que avergonzarnos
al hablar de él. Hablo de sentimiento porque yo digo
que una obra de verdad es una obra sentida y no una obra aprendida
a través del conocimiento. Con el conocimiento se aprenden
los instrumentos del arte, sus modelos y esos modelos tú
los puedes revivir, reinventar y reactivar a través de
un sentimiento personal y propio.
En la pintura uno actúa dentro del concepto de ésta,
de su conocimiento y sus escuelas, son como distintas familias
y uno se afilia a la que le corresponde según sus sentimientos;
entonces uno va desarrollando eso tratando de incorporar elementos
personales a las cosas que ya existen. Yo creo que ya todo existe,
todo ha sido hecho nosotros lo que hacemos es reencontrar, descubrir
y reinventar porque yo creo que la suprema sabiduría
inventó todo y lo puso a nuestra entera disposición.
Yo cada día estoy asumiendo el sentimiento en la pintura,
sentir es eso, lo que uno siente en el corazón y en la
mente, encarnarlo de alguna manera pero eso tiene sinceridad
en la medida que tu lo sientes. Sino lo sientes no vale, por
eso se le dice a alguien cuando esta fuera de algo “tú
no sientes esto”, en muchos aspectos, puede ser en la
vida personal.
El amor es un sentimiento, sólo se entiende a través
de sentimientos personales, entonces eso implica subjetividad
y ella está implícita dentro de las propiedades
creativas de un pintor o de un artista. Lo sujetivo es individual
pero el subjetivo individual puede ser colectivo, esa subjetividad
se expresa de una manera y puede ser accesible a otras personas
o individualidades.
Ese sería el todo ¿no?, y si lo vamos desglosando.
Por ejemplo, hay muchos cuadros suyos que son emblemáticos
como “La Tejedora…” que para mí es
uno de los cuadros que más me llena de sentimiento, siguiendo
la misma corriente. Cuando usted ve sus cuadros por separado
¿cómo aplicamos esos conceptos? porque cada uno
tiene sus propias especificidades…
A lo largo del tiempo uno se da cuenta de que ha ido trabajando
sobre un tema único aunque tenga diferentes expresiones
visuales, gráficas; pero eso puede hacerse cuando la
experiencia ha avanzado. Un pintor demasiado joven tiene una
sola experiencia, uno no debe rechazar las experiencias, lo
que llaman las lagunas sino ir asumiendo todas las cosas que
uno siente e irlas realizando. Desde el principio yo tuve esa
época que usted mencionó de “La Tejedora
de Nubes”, que fue un cuadro que fascinó a los
poetas, es un cuadro poético y no se dice “voy
a hacer un cuadro poético” o “voy a hacer
una obra mágica” eso se tiene, no se programa ni
se dice, se siente. Se trata de ir acumulando experiencias,
todo lo que yo sintiera que debía hacer sin preocuparme
de nada. Una vez decidí realizar mi propia historia de
la vanguardia del arte, pasó que en algún momento
de los años 60 me puse a hacer experiencia sobre el impresionismo:
De Cezanne al Cubismo, porque me apasionaba ese tipo de experiencia;
sobretodo porque implicaba una cualidad de reflexión
y de organización del espacio a través de la geometría
que es lo que se ve en el cubismo. Entonces trabajé en
órdenes como la Geometría Sensible que es un término
que yo expresé en 1973 y que esta consignado en la Revista
Imagen, cuando la dirigía el poeta y amigo Pedro Francisco
Lizardo. Ese mismo año me dieron el Premio Nacional de
Artes Plásticas y Pedro Francisco me dijo que le hiciera
un texto y sin darme cuenta salió un ensayo sobre mí
mismo y mis experiencias.
Pocos años después vino a Venezuela el crítico
brasilero Roberto Ponctual y traía un libro llamado precisamente
La Geometría Sensible, entonces se hizo una especie de
foro en el Museo de Bellas Artes, y Ponctual expuso sus ideas.
Yo le dije: “caramba Ponctual ¡que coincidencia!
Mira yo he hablado de esto, me gustaría que conversemos
sobre esos temas para conocer su opinión. Yo he trabajado
en eso desde 1973, inocentemente sin ánimos de ser protagonista…”,
pero el hombre no quiso saber más de eso (risas). A lo
mejor el pensó que le disputaría el protagonismo
por haber descubierto el término Geometría Sensible,
a mí eso no me preocupa a mi me interesan las cosas que
he hecho y que se me han ocurrido… Bueno el hecho es que
yo expresé el término Geometría Sensible
y trabajé en él desde 1973, lo que es del cura
va para la iglesia. La modestia es buena pero no lo digamos
borrando las cosas que uno ha hecho.
Después paso otra forma de la geometría que es
la Geometría Orgánica, también la Geometría
Informal que son esos aspectos de la geometría que no
tienen parte técnica, es la geometría del espíritu
y del sentimiento. Incluso dentro de ese ordenamiento constructivo
desarrollo mi obra.
Cuándo habla de sentimientos ¿a cuáles
se refiere específicamente? ¿A todos los sentimientos?
¿Al amor?
Hay distintos caminos o conductos del sentimiento. Está
el sentimiento afectivo, el filial, el amoroso, el social…
y el sentimiento creativo y estético.
Y si nosotros tomamos esos sentimientos y los ponemos en una
balanza para tratar de verlos en importancia ¿hacia qué
lado se inclinaría?
Hacia el lado del arte… bueno, apartando los sentimientos
humanos que son fundamentales. Un hombre que no tenga sentimientos
humanos es un monstruo, sentimientos como son la solidaridad,
la generosidad, el hecho de borrar el egoísmo y la mezquindad,
sentimientos referidos a humano en cuanto al sentido espiritual
de la conducta moral del ser humano y el sentimiento del arte,
de lo creativo, expresado a través de formas válidas
en el arte, a las que yo llamaría las formas de la dignidad
artística.
Yo no hablo de belleza porque ese es un término que
también ha caído en desuso, parece que es muy
romántico, sino que hablo de la dignidad de las formas.
Todo lo que tiene dignidad posee belleza. En el arte la estética
es la teoría de la belleza, y hay distintas formas de
ella. Por ejemplo, Picasso lo que hizo fue reinventar muchas
cosas. Cuando se habla de él se dice que es un genio,
pero vamos a ver en qué; yo llegué a esto porque
estudié para ver las cosas en su contexto concreto. Picasso
es un genio en el sentido de que él reinventó
el arte griego. Cezanne - precursor del arte moderno- reinventó
la creatividad de la plástica africana, lo que le dio
a Picasso esa libertad. Sin esos tres componentes, sobretodo
sin el último, Picasso aprendió a ser genio con
esos tres elementos. Además tenía las condiciones
para serlo, entonces encontró la libertad de la creatividad
expresada en la audacia. Lo que habría que aprender de
Picasso, no son sus técnicas porque eso es una cuestión
netamente personal, lo importante fue su actitud hacia el arte;
para usar un término venezolano: su “antiparabolismo”.
Picasso no se dejaba limitar por nada, no se frustraba ni se
inhibía, de eso se trata.
La plástica africana por ejemplo -que es salvaje- es
bella y artística y Picasso, Braque y Matisse la encontraron.
¿El maestro Manuel Quintana Castillo siente que ha tenido
esa libertad de expresarse?
La libertad se conquista. Yo he perseguido y he trabajado en
función de mi libertad y a estas alturas de mi vida siento
que he conquistado dos cosas a las cuales tengo derecho: he
conquistado mi tiempo y mi libertad. Me explico: mi tiempo porque
antes trabajé en muchas cosas: fui profesor, di conferencias,
escribí libros, pero todo eso implicó mi tiempo;
hoy en día lo tengo a mi disposición para hacer
lo que yo quiero… que es pintar. Eso es todo lo que yo
quiero, yo no busco ni poder político, ni un cargo, ni
liderazgo. Lo que busco es mi tiempo para pintar mis cuadros,
que es lo máximo que yo le puedo dejar a mi país.
Después de toda una vida dedicada la arte… ¿hay
un reconocimiento de usted en su obra? ¿Es exactamente
usted? A muchos pintores les pasa que después de años
no reconocen en sus propios cuadros.
Hay distintas experiencias y distintos modos, el asunto es
ver cómo los demás ven la obra de uno, porque
a veces uno la ve de una manera única. Volviendo a Picasso,
como ejemplo de libertades, él decía –refiriéndose
a un cuadro de su pueblo-: “este cuadro no lo puede ver
nadie como lo veo yo, ni sentirlo como lo siento yo, porque
para eso sería necesario vivir todas las cosas que yo
he vivido y lo que no he vivido; todas las cosas que sé
y lo que no sé”. La ausencia forma parte de la
presencia. Sin embargo, es importante ver cómo ven otros
la obra de uno. Uno quisiera que se sintieran de alguna manera
como uno pero ese es el riesgo del arte.
El pintor presenta las cosas para que se vean de la forma que
él quiere que se vean, cuando se ve otra cosa yo no sé
si es para sentirse bien o no, porque yo lo que quería
expresar es esto y no otra cosa; y ese es un riesgo. El cuadro
está allí. Si el cuadro tiene una fuerza, se siente
esa fuerza, si el cuadro tiene una dignidad, se siente esa dignidad,
si el cuadro tiene un orden, se siente un orden, si tiene una
pasión, se siente una pasión. Puede sentirse de
distintas maneras, y si hay coincidencia con lo que el pintor
expresó es magnífico. El objetivo de un pintor
al hacer la obra es encarnar un sentimiento o una idea.
En mi caso difícilmente hay obras que no reconozca…
no sé, tal vez los dibujos de aprendizaje. En retrospectiva,
hay dibujos que yo hice en la Escuela de Artes Plásticas
en pastel, que no los había visto desde el año
48 y que los encontraron y me los mostraron, me hubiera sentido
muy satisfecho si los hubiera reconocido porque me parecían
muy buenos dibujos (risas). Yo naturalmente no puedo renunciar
al derecho de reconocer mis virtudes así como reconozco
mis defectos… que trato de que no sean muchos, (risas).
Yo soy el principal crítico de mi obra, me he exigido
mucho más de lo que los demás me han exigido y
mucho más de lo que yo les exijo a los demás.
A finales de los años setenta rompí cuadros en
mi taller porque no me gustaban, si era un lienzo de 1,20 m
por 1,20 m a veces dejaba un pedazo de 10 centímetros
y decía esto es lo único que sirve aquí,
otros los boté.
Algunos pintores repiten que sus obras son sus hijos, ¿usted
al romper esos cuadros qué sentía?
Bueno claro con la salvedad de que si un hijo no resulta, uno
no puede romperlo, en este caso es una tela. Lo que pasa es
que yo era muy exigente conmigo mismo, después aprendí
a ser tolerante pero hay cosas que algo tienen, aunque sean
sólo diez centímetros. Ahora, cuando se logra
que todo el cuadro sea único eso es para sentirse más
que satisfecho, eso es lo que yo he tratado, de llegar no a
esa perfección sino a esa misma intensidad en toda la
obra. Que cada mancha esté donde tiene que estar, con
espontaneidad y rigor.
¿Cómo son esos casos en el que los demás
reconocemos exactamente lo que plasmó en su obra o al
contrario, donde los otros vemos algo muy distinto?
Bueno en mi caso siempre ha habido coincidencias, nadie los
otros perciben lo que yo me he propuesto hacer; es decir, la
misma obra ha conducido a dar una imagen de ella misma. Esa
imagen la gente puede modificarla o enriquecerla. En ese sentido
puedo sentirme no satisfecho, sino feliz de que haya habido
esas coincidencias. Por ejemplo, ese cuadro que usted mencionó
anteriormente –La Tejedora de Nubes- los poetas lo recibieron
con beneplácito porque vieron un sentimiento poético…
bueno si lo tiene, lo tiene, pero no es porque yo me lo haya
propuesto como dije antes. En ese cuadro hay un clima que se
impone, una atmósfera cromática, sensual, intemporal
–que está fuera de tiempo-, en el sentido de que
son símbolos que no pertenecen a nadie ni a un tiempo
en particular. Pertenecen al tiempo absoluto, de las esencia,
de los símbolos, de los arquetipos. Yo no tiendo a pintar
personajes específicos sino simbólicos, personajes
fuera de tiempo y que están dentro de lo absoluto de
la realidad. En ese sentido, el cuadro se convierte en un estímulo
de esas esencias, de esa fuerza o energía que el pintor
haya puesto en él y que despierta energías semejantes.
Claro, lo que pasa es que a través del tiempo uno ve
distintas cosas.
Respondiendo tu pregunta, uno viene a descifrar sus propios
cuadros a lo largo del tiempo. En mi caso la pintura me antecede,
la pintura sabe más que uno en un momento dado y uno
viene a entenderla después con el paso del tiempo. Tratar
de explicar la pintura, llevar lo racional y discursivo al cuadro,
es un error, no hay que tratar de explicar nada, lo importante
es que las cosas se presenten. Si el cuadro tiene una dignidad
la tiene. Dentro de la escuela de la filosofía Zen, que
tiene una gran sabiduría, un alumno le pregunta al maestro:
“Maestro, ¿Cuándo sabré cuando yo
sea un maestro?” y él re responde: “cuando
tú lo seas, lo sabrás, y no será necesario
que nadie te lo diga”. Cuando la persona sepa que llegó
o que está en el camino lo sabrá, si quiere que
alguien se lo confirme está bien pero es un riesgo subjetivo.
A una persona que se inicia hoy ¿qué le diría?
Cuándo logra el pintor lo que esta buscando ¿Cuál
es esa brújula, donde está? ¿Está
más hacia la razón o hacia el sentimiento?
Está hacia el sentimiento porque la razón confirma
el sentimiento, pero cada persona debe irlo encontrando en un
acto de madurez, de perseverancia y de estudio. Por esa razón
hace falta hacer masivo el conocimiento sobre las artes plásticas
para que la mayor cantidad de jóvenes tengan acceso no
sólo a la pintura sino a la manera de abordarla. No sólo
se trata de ver la pintura sino de enseñar a verla y
enseñar a ver la realidad. Si por ejemplo uno va a enseñar
a pintar un bodegón y le pones una botella, una naranja
y un libro, explicas qué vas a ver y cómo lo vas
a resolver, o lo ves a través de la línea, del
color, del claroscuro, de los volúmenes, de la geometría.
Hay muchas maneras de abordar la pintura, si las presentas simultáneamente
es un caos; entonces la orientación es cómo abordar
ese tema. Por eso la pintura es una materia de estudio, de perseverancia
y de experiencia como una guía. Muchas veces el alumno
no tiene suerte y tienen que aprender por sí mismo, si
tiene talento a lo mejor llega a un resultado a través
de la depuración de sus experiencias y aprendiendo lo
que tiene que aprender. A veces aprende por sí mismo,
pero siempre tiene que ver los modelos. Cuando yo era profesor
daba una materia llamada Análisis Plástico, en
la que había que presentar una obra y analizarla en cuanto
a sus componentes de color, forma, espacio, volumen… y
eso es lo que hay que reivindicar en las escuelas de artes plásticas.
los muchachos tienen que aprender el vocabulario y la gramática
pictórica.
Me acabo de acordar de un pintor que por un defecto en el cerebro
se quedó viendo sólo blanco y negro, antes de
eso sus cuadros eran de mucho colorido por lo que fue muy traumático
para él. Sin embargo, después descubrió
una infinidad de gamas a tal punto que cuando le dijeron que
había posibilidades de curarlo él dijo que ya
no estaba tan interesado. No me acuerdo el nombre del pintor
porque lo leí en un libro de ciencia. Me acordé
por lo que usted mencionó de la importancia de cada una
de esas áreas en la educación de las artes plásticas.
Sí, es que se trata de orientación y presentar
un tema. Un alumno no puede llegar y decir que quiere pintar
un retrato porque el está allí para aprender disciplina
y rigor. Yo he asumido la libertad dentro del rigor: “quiero
ser libre dentro de mi propio rigor”, no dentro del que
otro imponga. Hay que aprender a imponerse esa disciplina y
ese sentido estructural en la vida y en el arte, yo lo he hecho.
Como la persona mil veces entrevistada que es usted, ¿cuál
es la pregunta importante que no le hacen frecuentemente? Ya
sea sobre usted mismo, sobre el arte ¿qué quisiera
escuchar ….
Es una pregunta muy concreta, aunque no tan fácil, Es
difícil porque hay muchas cosas esenciales ya sea como
hombre, como esposo, padre o profesional, distintas formas de
querer objetivos. En mi caso, lo que yo quiero es mi tiempo
y mi libertad. También puede haber otra forma de responder
que sería, no tengo claro lo que quiero. La respuesta
se puede saber muy fácilmente por un método deductivo
o la técnica de los contrarios: “yo no sé
lo que quiero pero si sé lo que no quiero”. Lo
que yo no quiero son todas esas cosas a las que les he sacado
el cuerpo y huido de ellas. En la creatividad tú trabajas
y trabajas y cuando crees que ya has conseguido algo se va más
allá, por eso yo sigo trabajando con la intensidad y
el impulso de asumir la virtud de la sorpresa y el asombro.
El que deja de sorprenderse ha perdido todo y lo que queda es
un vacío. Cuando el arte ya no es sorpresa y se perdió
su ilusión hay que recuperarla. Hay que recuperar la
magia del arte, su poética y también el “duende”
del arte, el duende del que hablaba Lorca en su experiencia
de un poeta en Nueva Cork. Hay que recuperar el misterio y la
virtud del asombro, hay que decir: ¿esto lo hice yo?.
Con Cúpira me pasó que yo hice ese cuadro en 1954,
lo mandé al Salón Nacional en 1955…. entré
en la pintura venezolana.
Tenía unas telas en mi taller, empecé a trabajar
en ese cuadro y el cuadro empezó a construirse, a solucionarse
y las cosas aparecían tan espontáneamente que
yo estaba sorprendido, el cuadro se estaba haciendo por sí
mismo. Cuando estuvo listo el primero que lo vio fue Emilio
Trompiz y me dijo: “ese cuadro va a ser un premio”.
Ese cuadro salió así… y me dieron varios
premios como el Enrique Otero Vizcarrondo que lo daba El Nacional.
Cúpira me abrió muchas puertas.
Ahora imaginemos que han pasado cien años y estamos
sentados aquí de nuevo pero usted no es Manuel Quintana
Castillo, sino un historiador… le mostramos sus propias
pinturas. En su opinión ¿cuál sería
el valor más importante por el que usted pasaría
a la historia?
Yo espero que dentro de los próximos setenta años
pueda pintar un poquito más profundas las cosas que estoy
haciendo ahora…
Con esta pregunta me gusta cerrar mis entrevistas…y gracias
por su gentileza, fue una que le hicieron una vez a García
Márquez .
De toda la literatura universal _ excluidos sus libros_ cuál
de todos los textos conocidos por usted le hubiera gustado firmar,
él contestó: El Palacio de las Bellas Durmientes,
un hermoso cuento del japonés, ya sabe el premio Nóbel
de literatura . De hecho, García Márquez escribió
su último libro partiendo de este… Ahora, de toda
la pintura universal que no sea la de Manuel Quintana Castillo
¿cuál le hubiera gustado firmar?
Cuadrado Negro sobre Fondo Blanco de Malevich, allí se
asume el riesgo de la pintura, se corre el riesgo de que la
pintura desaparezca. Hay que recuperar la pintura a partir del
cuadrado negro sobre fondo blanco, rehacerla.
Supongamos que hay una catástrofe mundial y nos dejan
entrar en un bungalow para protegernos, ¿qué cuadro
nos llevamos del maestro Manuel Quintana Castillo?
Hay tantos… (pausa, risas….mmmm ) pueden llevarse
Cúpira.

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