José Caldas
Obras | Curriculum | Perfil
Cronología (pdf, 1.8MB)
Obras Emblemáticas
La Poética del Color en José Caldas
Entrevista por José Pulido
Conversación sostenida con Eduardo Planchart Licea
José Caldas o el Goce por el Color por Santiago Rojas
José Caldas por Julio Jauregui

Entrevista programa Aire Libre (Audio)
José Caldas o el goce por el color

Al abordar las piezas que conforman la serie pictórica de José Caldas, “redescubrir el paisaje: el color que transita”; inmediatamente nos asalta la escuela de Sabaneta y su principal mentor y bujía, el fallecido Maestro Jorge Chacón; particularmente cuando se focaliza el tratamiento del color, verdadero protagonista en las telas de José Caldas. En José Caldas el referente pictórico mas próximo es, sin duda, el color y sus consecuencias visuales que éste acarrea. Para Caldas el dibujo es apenas un referencial que se toma en cuenta; pues el mismo no caracteriza un diseño de la imagen a colorear; mas bien, un boceto, guía que le permitirá rellenar, ocupar con su viril gema colorista. El trazo dibujístico será la trabazón, el esqueleto sustentatorio para poner de manifiesto la voz enriquecedora del color con todos sus riesgos. Estamos pues ante una obra pictórica que se sustenta por y con el color; que no teme ser engullida, así es que cabe el termino; por ese ser equívoco que para muchos resulta finalmente el color. En José Caldas la tela se puebla con una reciedumbre armónica de sus colores, conseguida por el uso animoso de sus fondos que permiten arribar a totalidades emocionales como un espectro de luminoso caleidoscopio. Por sus trazos, la tela se torna vivificada, estallante, lujuriante de vibrátil nervio. El color, dijo Bonnard, necesita más razonamiento que el dibujo. Este principio del pintor nabis, se personifica de manera determinante en las intenciones plásticas de José Caldas. No son los objetos en si mismo lo que razona Caldas, no; es sí, esencialmente, su halo síquico que el color le insufla. La pincelada que se sostiene por un trazo viril, gestual, envolvente se dirigen los sentidos; a la sensibilidad del espectador. Los colores primarios, sus tonalidades y matices embriagan, como quedo dicho, los sentidos; morfoceando que la tela hacia la única vía que se permite el autor: color y sólo color. La virtud que justamente se observa en José Caldas, es que éste asume una suerte de místico, de visionario, que posee en alta cota el don de asir las vibraciones, que, aunque no sean perceptibles por el ojo común, Caldas, en un raptus taumatúrgico, nos devela su existencia. En estas telas de Caldas, no se advierte la presencia del hombre como figura inmersa en el contexto de la obra; de igual manera no existe aquí historia, anécdota que haga de soporte comunicativo, no; la presencia del hombre está dada por sus objetos que de manera implícita lo delatan; y el mensaje comunicacional sólo lo transmite su insustituible protagonista: el color. Este punto de vista; esta conceptualización que Caldas tiene de su quehacer plástico, nos permite inferir que estamos ante la presencia de un artista que ha sido conquistado plomo a plomo por ese embrujo que suele producir el efecto cromático. Esto nos permite especular que algunos pintores aceptan el color como una suerte de catarsis purificadora; tal es el caso, para poner un ejemplo local, del Maestro Jorge Chacón. El color, en este caso, es la vertiente más próxima para tener contacto con lo que nos rodea. Las cosas no tienen más lenguaje que las que el color es capaz de producir; éstas ocupan un lugar especial por lo que irradian; y la fuerza que irradian es un magnetismo que solo es consevible por el color. Es, sin dudas, el estado más alto de purificación.

Santiago Rojas P.

Home | Exposiciones | Artistas | Grandes Entrevistas | Noticias | Publicaciones | Contáctenos | English