La Poética del Color en José
Caldas
Para algunos artistas el tema es una pretexto, como el mismo caldas
lo ha manifestado en ciertas ocasiones, para construir su discurso
estético con el que le dan preeminencia a algún
elemento de expresión plástica de su interés,
quedando el contenido temático en un segundo plano. Veamos
que sucede con nuestro homenajeado pintor.
En la producción visual de caldas descubrimos
un espacio interior y otro exterior. En el primer caso nos referimos
a un paisaje doméstico poblado de elementos propios de
la intimidad de el hogar, aquellos que encontramos en la sala
, comedor y cocina, como, por ejemplo, mesas, sillas, lámparas,
relojes, libros, estufa, utensilios de cocina, frutas y hortalizas;
cuyo repertorio aprovecha este artista para construir su poética
visual, sus proposiciones, entre las que cuentan los bodegones
o naturaleza muerta. En esos interiores encontramos que el artista
incorpora ventas que nos conectan con el exterior y nos permiten
ver, de adentro hacia fuera, fragmentos de paisajes rurales
y naturales; pero también podemos considerar esas ventanas
como recreaciones pictóricas del mismo artista ubicadas
en esos espacios cerrados, esto es: la pintura dentro de la
pintura.
En el segundo caso están los paisajes externos,
los que el artista construye a campo abierto: montañas,
calles, parques y negocios de la ciudad. En ambos espacios,
interior y exterior, ubicamos otro aspecto de la temática
de Caldas: lo religioso, lo relacionado al mundo de la santería,
religión afrocaribeña proveniente de los Yoruba,
pueble de África Occidental. En los bodegones están
representadas algunas deidades de este culto. Por ejemplo, la
patilla encarna a Yemayá; la auyama, la naranja y el
cambur a Oshún; los juguetes, el reloj (indicando las
tres en puntos) y esa suerte de mascara africana, simbolizan
a Elegguá (niño y adulto); el cuchillo alude Ogún,
y la naturaleza esplendorosa, el paisaje en sí personifica
a Ozaín, como el mar a Yemayá. Lo que hasta ahora
hemos mencionado en recurrente, como tema, en la obra de este
artista aragüeño; pero recurrente, impactante y
predominante también es el color, elemento de expresión
con el que Caldas construye todo el espacio y todas las formas
de sus composiciones.
El color de la obra de Caldas invade todo el espacio
de soportes pictóricos. Él pareciera tener horror
al vacío, al espacio en blanco, razón por la que
cubre la superficie de sus lienzos con colores vivos, puros
saturados, cargados de materia, esto es, espesos pastosos. Caldas
aplica el color directamente del recipiente contentivo de la
sustancia pictórica (óleo o acrílico),
ingrediente que aparece con pincel, espátula, la palma
de la mano o cualquier otro instrumento que le sirva para lograr
texturas mucho más ricas, acentuadas. Otra idea vinculada
con el color radica en que Caldas sostiene que “La energía
está en constante movimiento, y ésta energía
es color. La energía que gira alrededor de los cuerpos
es un torbellino de colores en perfecta armonía. Y pensar
que siempre ha estado allí, esperando que uno la vea
y la disfrute. En esto se centra mi trabajo, en mostrar el movimiento
armónico del color, el aura del paisaje.” En principio,
esta es la intención de fondo, lo que justifica su trabajo
plástico. El color, en la obra de Caldas, podemos considerarlo
como el alma de los seres y las cosas, la energía que
los hace vibrar.
El fin, en este pintor advertimos una pasión
por el color, un color plástico cargado de sensualidad,
pero a su vez, también descubrimos en él la idea
del color como fenómeno espiritual, como un ente portador
de una energía vibrante que se expande por todo el universo
José Gregorio Noroño
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