José Caldas
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Cronología (pdf, 1.8MB)
Obras Emblemáticas
La Poética del Color en José Caldas

Entrevista por José Pulido
Conversación sostenida con Eduardo Planchart Licea
José Caldas o el Goce por el Color por Santiago Rojas
José Caldas por Julio Jauregui

Entrevista programa Aire Libre (Audio)
Buscándole el alma al paisaje
José Caldas entrevistado por José Pulido

Un cuadro de José Caldas es como un sol de mediodía. Toda la energía del paisaje estalla en la cara. Los ojos se encandilan para siempre. Si colocaran un cuadro de José Caldas en el medio de un patio, los pájaros llegarían a picotearlo, a revolotearlo. Cantarían y harían una fiesta con sus frutas imaginarias.
El arte de José Caldas es una sorpresa.
Su nombre comenzó a sonar como las piedras en el río.
—José Caldas se ganó el premio…
—José Caldas presentó una pieza muy buena…
—José Caldas vive en La Victoria, pero antes vivía en Maracay…
Caracas lo conoció inicialmente cuando Tomás Kepets incluyó un cuadro de Caldas en una colectiva de la Galería Medicci y todos los espectadores de ese día comenzaron a sentir curiosidad verdadera por el pintor. José Caldas es un hombre aindiado, de ojos verdes, líquidos, verdes como el óxido de cobre. Ahora está en el medio de la galería, rodeado por sus obras y responde sosegadamente a cuánta pregunta se le hace.

—Usted es apacible. Su pintura es como un torbellino… ¿cómo fue el inicio de ese trabajo suyo con los colores?
—Cuando mi esposa y yo éramos novios me quedé mirándola y vi el aura de ella. Primero vi un puntico de colores y de repente ese puntico fue creciendo y era como un ovoide que la envolvía y muchos colores giraban en torno a ella.
Mientras ocurría eso, experimentaba unas sensaciones: me sentía con el cuerpo grande, la cabeza grande. Después todo comenzó a volverse pequeño, todo retornó al puntico de colores y desapareció. Yo volví otra vez a sentirme normal.

— ¿Qué pensó? ¿Le pareció que era un desvarío?
—Comencé a investigar qué había sido eso. Nunca en mi vida había experimentado algo así y descubrí que había visto el aura de ella. Hay personas que logran entrar a esa parte dimensional del ser, y ver el aura del individuo que se proponen ver, pero eso se logra con muchos ejercicios y con muchos conocimientos y son personas con unos dones espirituales muy grandes.

-De ahí en adelante ¿le vio el aura a otras personas?
-Yo quise volver a repetir el fenómeno pero no pude y después me dije “Voy a pintar eso”. Y pinté personas con el colorido que me imaginaba en ellas. Después lo intenté con el paisaje, preguntándome ¿cómo se puede representar el aura de un paisaje? Y entonces me puse a experimentar con ese fenómeno…

—Tenía que recorrer ese camino hasta entender…
—Una vez pinté tres cuadros y salí muy cansado, agotado… los puse al frente de mi casa y pasaron unos niños. Se quedaron viendo los cuadros y comenzaron a reírse entre ellos. Les pregunté ¿qué les parecen esos cuadros? Y ellos respondieron: “Son como cuadros de locos”. Yo me quedé pensando en eso y le puse como títulos Locura I, Locura II y Locura III.

—Ese fue el inicio de su lenguaje cargado de colores…
—Sí. Comencé a pintar el aura del paisaje, la parte energética del paisaje, que casi todos nosotros sentimos. Por eso te hablaba anteriormente de que no sólo vemos con los ojos sino con el resto de los sentidos, del tacto, del olfato, del oído…

—Su esposa canta en un grupo coral y usted se queda fascinado oyendo la música y sacando conclusiones para su pintura…
—Yo acompaño a mi esposa en los ensayos y utilizo ese momento para estudiar el color con respecto a la música. Con las informaciones que me han dado varios músicos, he ido concluyendo en que eso es energía, toda la vida es energía… el sonido tiene sus valores energéticos y también posee sus valores en cuanto al color. Todo está estrechamente ligado, engranado, nada en el universo está fuera del engranaje. Por eso es que el universo trabaja de una manera perfecta…

—También contó que estuvo enfermo y de allí extrajo una experiencia interesante: pudo meterse dentro de sus cuadros…
—Ese cambio que ves allá, entre ese cuadro y aquel otro, sucedió hace tres años. Yo me enfermé de una gripe que me atacó los bronquios. Después se volvió neumonía y de broma no me fui para siempre. Estuve tres meses hospitalizado. En ese período me pusieron vía intravenosa una medicina que era para expandir los bronquios. Esa medicina me causó una reacción que me atacó la parte emocional. A veces estaba deprimido y de repente eufórico. Cuando estaba eufórico tenía la habilidad de concentrarme en un cuadro y sentía que podía meterme entre sus colores y recorrerlos. Escuchaba el color, lo tocaba, percibía su temperatura…

—Sus cuadros ¿qué le producen al espectador?
—Creo que le producen incomodidad… hay personas que vibran con la obra…

—Usted ¿explica el universo o lo interpreta?
—Ni una cosa ni la otra, yo simplemente me conecto y lo vivo.

— ¿Cuántos años tiene trabajando con esos colores y esas tonalidades?
—Tengo en eso unos 29 años, y ha ido madurando poco a poco. Una vez me fui hacia los pasteles muy claros, otra vez me fui hacia las monocromías… en la exposición hay una monocromía en rojo y otra en amarillo. Cada trabajo es un reto y uno tiene que vivirlo y disfrutarlo. Cada obra es un instante de la vida de uno y ese instante no se repite.

Caracas, Venezuela - Enero del año 2007
La entrevista se realizó en la Galería Medicci

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