Buscándole el alma al paisaje
José Caldas entrevistado por José Pulido
Un cuadro de José Caldas es como un sol
de mediodía. Toda la energía del paisaje estalla
en la cara. Los ojos se encandilan para siempre. Si colocaran
un cuadro de José Caldas en el medio de un patio, los
pájaros llegarían a picotearlo, a revolotearlo.
Cantarían y harían una fiesta con sus frutas imaginarias.
El arte de José Caldas es una sorpresa.
Su nombre comenzó a sonar como las piedras en el río.
—José Caldas se ganó el premio…
—José Caldas presentó una pieza muy buena…
—José Caldas vive en La Victoria, pero antes vivía
en Maracay…
Caracas lo conoció inicialmente cuando Tomás Kepets
incluyó un cuadro de Caldas en una colectiva de la Galería
Medicci y todos los espectadores de ese día comenzaron
a sentir curiosidad verdadera por el pintor. José Caldas
es un hombre aindiado, de ojos verdes, líquidos, verdes
como el óxido de cobre. Ahora está en el medio
de la galería, rodeado por sus obras y responde sosegadamente
a cuánta pregunta se le hace.
—Usted es apacible. Su pintura es como un
torbellino… ¿cómo fue el inicio de ese trabajo
suyo con los colores?
—Cuando mi esposa y yo éramos novios me quedé
mirándola y vi el aura de ella. Primero vi un puntico
de colores y de repente ese puntico fue creciendo y era como
un ovoide que la envolvía y muchos colores giraban en
torno a ella.
Mientras ocurría eso, experimentaba unas sensaciones:
me sentía con el cuerpo grande, la cabeza grande. Después
todo comenzó a volverse pequeño, todo retornó
al puntico de colores y desapareció. Yo volví
otra vez a sentirme normal.
— ¿Qué pensó? ¿Le
pareció que era un desvarío?
—Comencé a investigar qué había sido
eso. Nunca en mi vida había experimentado algo así
y descubrí que había visto el aura de ella. Hay
personas que logran entrar a esa parte dimensional del ser,
y ver el aura del individuo que se proponen ver, pero eso se
logra con muchos ejercicios y con muchos conocimientos y son
personas con unos dones espirituales muy grandes.
-De ahí en adelante ¿le vio el aura a otras personas?
-Yo quise volver a repetir el fenómeno pero no pude y
después me dije “Voy a pintar eso”. Y pinté
personas con el colorido que me imaginaba en ellas. Después
lo intenté con el paisaje, preguntándome ¿cómo
se puede representar el aura de un paisaje? Y entonces me puse
a experimentar con ese fenómeno…
—Tenía que recorrer ese camino hasta
entender…
—Una vez pinté tres cuadros y salí muy cansado,
agotado… los puse al frente de mi casa y pasaron unos
niños. Se quedaron viendo los cuadros y comenzaron a
reírse entre ellos. Les pregunté ¿qué
les parecen esos cuadros? Y ellos respondieron: “Son como
cuadros de locos”. Yo me quedé pensando en eso
y le puse como títulos Locura I, Locura II y Locura III.
—Ese fue el inicio de su lenguaje cargado
de colores…
—Sí. Comencé a pintar el aura del paisaje,
la parte energética del paisaje, que casi todos nosotros
sentimos. Por eso te hablaba anteriormente de que no sólo
vemos con los ojos sino con el resto de los sentidos, del tacto,
del olfato, del oído…
—Su esposa canta en un grupo coral y usted
se queda fascinado oyendo la música y sacando conclusiones
para su pintura…
—Yo acompaño a mi esposa en los ensayos y utilizo
ese momento para estudiar el color con respecto a la música.
Con las informaciones que me han dado varios músicos,
he ido concluyendo en que eso es energía, toda la vida
es energía… el sonido tiene sus valores energéticos
y también posee sus valores en cuanto al color. Todo
está estrechamente ligado, engranado, nada en el universo
está fuera del engranaje. Por eso es que el universo
trabaja de una manera perfecta…
—También contó que estuvo
enfermo y de allí extrajo una experiencia interesante:
pudo meterse dentro de sus cuadros…
—Ese cambio que ves allá, entre ese cuadro y aquel
otro, sucedió hace tres años. Yo me enfermé
de una gripe que me atacó los bronquios. Después
se volvió neumonía y de broma no me fui para siempre.
Estuve tres meses hospitalizado. En ese período me pusieron
vía intravenosa una medicina que era para expandir los
bronquios. Esa medicina me causó una reacción
que me atacó la parte emocional. A veces estaba deprimido
y de repente eufórico. Cuando estaba eufórico
tenía la habilidad de concentrarme en un cuadro y sentía
que podía meterme entre sus colores y recorrerlos. Escuchaba
el color, lo tocaba, percibía su temperatura…
—Sus cuadros ¿qué le producen
al espectador?
—Creo que le producen incomodidad… hay personas
que vibran con la obra…
—Usted ¿explica el universo o lo
interpreta?
—Ni una cosa ni la otra, yo simplemente me conecto y lo
vivo.
— ¿Cuántos años tiene
trabajando con esos colores y esas tonalidades?
—Tengo en eso unos 29 años, y ha ido madurando
poco a poco. Una vez me fui hacia los pasteles muy claros, otra
vez me fui hacia las monocromías… en la exposición
hay una monocromía en rojo y otra en amarillo. Cada trabajo
es un reto y uno tiene que vivirlo y disfrutarlo. Cada obra
es un instante de la vida de uno y ese instante no se repite.
Caracas, Venezuela - Enero del año
2007
La entrevista se realizó en la Galería Medicci
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