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Han
escrito sobre el artista:
Frank Poper
Francis Parent
Gaston Dihl
Carmen Hernández
Marta Leaño
Katherine Chacón
María Luz Cárdenas
Alfredo Boulton
Sofía Imber
Eduardo Planchart Licea
Juan Carlos Palenzuela
Roberto Guevara
Enrique Viloria Vera
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Latencia Nómada
Eduardo Planchart L
Asdrúbal Colmenárez transmite a la serie Latencia
Nómada un fuerte dinamismo pictórico por su gestualidad,
eco de los elementos conceptuales que incorpora a esta serie:
mar, islas, geografías deconstruidas en espacios imaginarios,
imágenes de revistas, dibujos naturalista, plantas, cómics.
Un sentido lúdico se manifiesta en los elementos estructurantes
de la composición: las líneas de luz en ángulos
de noventa grados o en línea recta que tienen resonancias
con el visor, los papeles de colores recortados con imágenes
de pingüinos impresas sobre ellos, los sellos postales
que dirigen la atención del espectador a diversos niveles
perceptivos. El gestualismo se contrapone a la trama de coordenadas
utópicas creando una tensión visual entre el caos
y el orden, que hace referencia al planeta percibido como totalidad
amenazada. Esta problememática se hace presente en los
elementos plásticos introducidos como son las imágenes
de animales, dibujos naturalistas de flores y animales conceptualmente
emblemáticos.
El sello postal con su característica circunferencia
se muta en centro visual de la obra, siendo además una
manera de enfatizar la noción de nomadismo que caracteriza
nuestra civilización y de la cual se hace eco esta serie.
No sólo existimos en una perenne tocata y fuga, sino
también los objetos que nos rodean tienen un largo historial
viajero. Así, los tenedores con que comemos pueden ser
chinos, los platos ingleses, la ropa coreana... Entre estos
universos peregrinos transcurre nuestra cotidianidad, sin embargo
no tienen la huella que los identifique como propios de un espacio
cultural y natural, por esto vamos creando un collage imaginario
que asocia cada uno de estos elementos a su geografía
productiva.
A pesar de vivir en una aldea global existimos
en un universo mental que nos impide identificarnos con el planeta,
como un ser viviente integrado por millones de cadenas de vida
de las cuales la humanidad es sólo una y a su vez nuestro
sistema planetario es menos que una mota de polvo de nuestra
galaxia. Esta realidad es conocida, pero en la práctica
nuestra civilización la ignora. En lugar de ello seguimos
atrapados por una visión geocéntrica, nacida de
Ptolomeo, donde el planeta y la humanidad son el centro del
universo, de ahí el enfásis en minimizar en estos
cuadros la presencia humana al acentuar la vida silvestre y
marina. De ahí el sentido de los collage y de su fuerza
envolvente en esta serie, que se manifiestan en los centros
visuales transformados en remolinos plásticos que parecen
absorber y fundir todos los contenidos estéticos y conceptuales,
estableciendo la idea de interrelación que caracteriza
a las diversas formas de vida en la Tierra.
En nuestra aldea planetaria, ha surgido
un nuevo tipo de nomadismo, en parte desvinculado de las sociedades
tradicionales y relacionado con la expansión en el tiempo
y el espacio que permite la sociedad posindustrial. No sólo
hacemos referencia a la movilidad física del ser humano,
sino a la trashumancia cultural, en donde todo pareciera pertenecer
a todos. La cultura visual a través de los medios electrónicos
ha creado nuevas categorías culturales: la comunicación
instantánea y simultánea, genera una nueva cultura
y una nueva manera de conocer, al extremo de crear una estética
y una ideología, recreada constantemente de los fragmentos
visuales de todas las culturas a que nos enfrentamos. Es este
otro de los sentidos del collage en la propuesta de Asdrúbal
Colmenárez, de ahí que entre mapas etnográficos
y cartas marinas, introduzca elementos naturales como hojas,
enfrentándonos de esta manera a la paradójica
visión que generan los medios al hacernos confundir la
realidad como verdad con la realidad nacida de los medios electrónicos
que es una ilusión.
En estas piezas los elementos naturales
acentúan el abismo que hay entre nuestra realidad planetaria
y la imagen que nos hemos elaborado de ella, creándose
en nuestro universo interior un rompecabezas imaginario. De
ahí, que Asdrúbal llegue incluso a introducir
en esta serie, fragmentos de rompecabezas en blanco, para intentar
hacernos conscientes de la fragmentación y escisión
que nos caracteriza. Destacan el ritmo y variedad que asumen
las tipografías, que tiene sus raíces en el uso
que hizo de ellas tanto el constructivismo ruso como el futurismo,
las cuales se conjugan con imágenes de historietas que
añade a ciertos cuadros como huella de nuestra cotidianidad
y de cómo somos vividos por los arquetipos que crean
los medios electrónicos, imágenes que están
vinculadas directamente al por art y al arte como vía
para acercarnos a una arqueología de nuestra cotidianidad.
Esta trashumancia ha convertido la existencia
del hombre contemporáneo en una errancia entre selvas
de concreto y espacios imaginarios, cuyos límites ya
no son una región o un paisaje sino toda la extensión
de nuestro planeta, al empequeñecerse las fronteras nos
hemos lanzado a una contradictoria conquista del universo.
Estos contenidos conceptuales son constantes,
a partir de los noventa, en la obra de Asdrúbal Colmenárez,
quien inspira su lenguaje plástico en barcos, botes,
naves espaciales, ovnis, coordenadas de geografías inexistente.
En términos estéticos
este nomadismo contemporáneo se sustenta en categorías
plásticas propias del modernismo.
Se establece así un continuo reciclar de lo hecho en
contextos culturales diferentes para dar una falsa noción
de novedad y renovación. Sin embargo, estas propuestas
se nutren de las raíces culturales y espirituales de
la humanidad, presente en artistas paradigmáticos de
nuestra modernidad y contemporaneidad como es el caso del expresionismo
abstracto en figuras como Jackson Pollock, en la relación
que establece entre su arte y los dibujos de arena del chamanismo
de los indios de América del Norte; en Mark Rothko y
la vinculación de sus monocromías con la concepción
no figurativa de la divinidad en la cultura hebrea; en Frank
Stella quien inspira sus monocromías y su geometría
en los escudos africanos. Este hecho está presente también
en las antropometrías de Yves Klein, que tienen mucho
que ver con los diseños corporales arcaicos.
En la contemporaneidad destacan Josep Beuys
y su vinculación con el nomadismo chamánico, Anselm
Kiefer debido a su fijación en los mitos universales,
desde Babilonia pasando por Mesoamérica hasta la contemporaneidad.
Esto es una evidencia de que las fronteras culturales se han
roto y el arte se ha hecho eco de esta universalidad, que en
lugar de crear una estética homogénea está
dando nacimiento a un diversidad híbrida de la cual se
hace eco la serie Latencia Nómada.
Elementos como el papel artesanal junto
a los objetos vegetales y desechos consumistas acercan la propuesta
a los postulados del arte povera. Estamos ante un acercamiento
al arte conceptual que ha sido una constante en la obra de Asdrúbal
Colmenárez. La exposición en su conjunto es un
gran rompecabezas, en el sentido que cada obra se enlaza con
la otra y a su vez cada una tiene múltiples ecos estéticos
e ideáticos. El artistas pareciera burlarse de la posmodernidad
con esta actitud, pues a través de su serie nos acerca
a la idea de que no se ha creado todavía una ruptura
que haya generado un nuevo paradigma en el arte que trascienda
los límites del modernismo, aún cuando estemos
en el nuevo milenio. Juego de ideas que se hace presente en
el cuadro en que se encadenan lúdicamente varios 2000.
La ruptura que planteaba el posmodernismo se hundió en
su propio suelo, de ahí el sentido de la exposición
en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía
Imber de 1998.
La peregrinación existencial en
la obra de Asdrúbal Colmenárez es una proyección
de rasgos de su dimensión interna que se materializan
en su obra. En ocasiones están vinculados con sus orígenes
(Colmenárez nació en Trujillo en 1936), y su primera
propuesta plástica está vinculada al surrealismo,
técnicamente inspirada en sus raíces familiares,
su padre era carpintero convirtiéndose este período
en un viaje al inconsciente. Sus primeros trabajos creativos
tienen la huella de un nomadismo interior.
Al llegar a París a fines de los sesenta, empieza su
indagación con el movimiento magnético y la búsqueda
de una relación con el público que desacralice
la obra y la acerque a la vida, logrando un status ontológico
propio, al generar un revelamiento de las capacidades creativas
del espectador al entrar en contacto con la dimensión
estética, generándo una tensión entre rasgos
conceptuales y constructivistas.
Los psicomágneticos, son bandas
de metal delgado sobre superficies de madera, que al ser tocados
generan un movimiento ondular, que va creando nuevas formas
al unir esta acción a líneas que pintaba sobre
sus superficies. Con esta obra empezó a llamar la atención
del crítico e investigador francés Frank Popper,
que hace especial mención de él en su libro Arte,
acción y participación”, de 1980. Se puede
vincular esta etapa de su lenguaje a la de la brasileña
Lygia Clark en la serie Trepantes, realizada en metal y madera
a fines de los cincuenta. En pocos años el artista pasa
de profesor de la Escuela de Artes Plásticas de Trujillo
a profesor de arte experimental en París VIII. Esto evidencia
que si algo caracteriza la vida del artista es el nomadismo,
pues su obra se ha desarrollado entre Europa y entre trópicos.
A principios de los noventa hay varios cuadros claves donde
se evidencia este rasgo que ha caracterizado la vida de Asdrúbal
Colmenárez, que se hace presente en la serie Mare Nostrum
presentada en el MACCSI en 1993. Donde algunas piezas son retazos
autobiográfico de sus errancias en el tiempo y el espacio
a lo largo de su vida, tal como se palpa en el cuadro Serie
Mare Nostrum IV de 1992, donde entre coordenadas imaginarias
se unen los puntos en el tiempo y el espacio de significación
existencial para el artista, creando un diagrama de su devenir.
Este clima impregna toda la exposición
de Mare Nostrum a través de los elementos plásticos
y conceptuales que introduce como mapas, cartas marinas, brújulas
transmitiendo esa noción de viaje imaginario que debía
trasladar al espectador ante geografías existentes sólo
en la realidad interior, sentido que se convierte en uno de
los ejes de la serie Latencia Nómada. Idea que también
se manifiesta en su exposición en el Museo Alejandro
Otero, 1996, al introducir el tema de aviones de papel, infantiles,
realizados en acero, burlando la resonancias industriales del
material tanto en la forma como en el color, dando la idea de
un nomadismo imaginario. Sentido que se focaliza en la serie
actual realizada entre 1998 y 1999, pues son visiones que parecieran
nacidas del lente de una cámara cinematográfica,
que materializa esta Latencia estética que se encontraban
presentes en su lenguaje plástico debido a la ruptura
histórica y cultural que debería traer el nuevo
milenio. Sin embargo, nos recuerda el artista trujillano-parisiense
que es necesario reenfocar nuestra atención al planeta
que nos sustenta, pues el arte va más allá de
la estética. Así esta propuesta muta la estética
en una respuesta ética al empujarnos a reflexionar en
el punto de ruptura que es el fin del milenio. Estos contenidos
conceptuales se encuentran materializados en estos collages
pictóricos en la presencia de los pingüinos impresos
en pedazos de papeles recortados, los dibujos naturalistas sobre
papel de desecho que transmiten la noción de fragilidad
en que se encuentran estas cadenas de vida, de las cuales somos
responsables, pero también llama la atención sobre
la necesidad de volver la atención a nuestros orígenes
como especie, pues gran parte de la comprensión de nuestra
historia contemporánea se esconde en los arquetipos de
la Latencia Nómada de nuestro inconsciente, de ahí
que algunos cuadros presentan fotocopias de mapas etnográficos
de Africa y Brasil, pues el nomadismos contemporáneo
tiene sus raíces en la cultura Nómada, lo cual
lo hace un rasgo inherente a nuestra humanidad que sólo
ha asumido nuevas máscaras.
Eduardo
Planchart Licea
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